¿Cuándo empecé a practicar yoga?

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Siempre me ha gustado hacer yoga, aunque nunca había sido frecuente con mis prácticas hasta finales del 2017 cuando empece a hacer yoga casi todos los días.

Cuando era pequeña me regalaron el libro “OOOMMM MMMOOOO – Yoga para niños” de Villegas Editores. Sus ilustraciones eran hermosas, pues quienes mostraban las posturas eran vacas de diferentes países del mundo que practicaban yoga para liberarse del estrés diario y que gracias a su práctica se mantenían serenas y tranquilas todo el tiempo. Por ejemplo una de las vacas era de la India, y como ya saben las vacas allá son consideradas un animal sagrado, por lo que la vaca decía que ser famosa no era una tarea fácil, así que practicaba yoga. Esas historias hacían que me encantara intentar cada postura que aparecía allí y aprender más y más del tema.

Aprendí mi primera postura invertida de yoga sin saber que era una postura de yoga. Sirsasana, o paro de cabeza (con apoyo en antebrazos), la aprendí por casualidad un fin de semana cuando se la ví hacer a Daniel, el novio de mi cuñada.

Me encantaba ver esa postura, pero sinceramente nunca me imaginé haciendo una parada de esas, pues me daba terror, pero Daniel (el novio de mi cuñada), me enseñó a hacer sirsasana sin saber que se convertiría, no solo en mi postura favorita, sino además en mi punto de partida hacia una practica de yoga más real.

Compré mi primer mat de yoga y practiqué durante un tiempo, pero no era realmente constante, hasta que me enfoqué en aprender y practicar todos los días y he mejorado muchísimo mi respiración, mi postura, mi fuerza, mi alineación, mis impulsos y mis emociones, y aunque todavía me falta mucho estoy feliz de ver mis avances, porque hacer yoga no es la postura, sino el proceso que con tanto amor nos ayuda a lograrla, aunque a veces nos demoremos más de lo que quisiéramos.

Me gusta porque ese ratico que me regalo (casi) todos los días es un ratico para mí y solo para mí, donde enfoco todas mis energías en una intención, como ser feliz, ser serena, ser tranquila, controlar mis impulsos. Cada postura que logro me da una satisfacción y una emoción inmensa que me ha hecho entender lo increíble que es mi cuerpo y lo que puedo lograr con él, pero lo más importante es que cada proceso en yoga se debe hacer con amor, paciencia y respeto. Debemos entender que no importa cuanto tardemos en lograr una postura, lo importante es el camino que recorremos.

Me gusta mucho practicar yoga, me gusta mucho aprender posturas nuevas, sus nombres y sus beneficios. Me encanta sentir que soy capaz de controlar mi respiración y a la vez mi frecuencia cardíaca. Me encanta ponerle una intención a la práctica, un propósito. Me encanta activar cada parte de mi cuerpo al iniciar. Me encanta sentir que estiro cada músculo, sentir que crezco y crezco con cada exhalación. Me encanta inhalar amor y exhalar el rencor y los sentimientos negativos que surgen. Me encanta conocer personas con buena energía en cada clase. Me encanta la sensación que me da cuando termino mi práctica sabiendo que aprendí algo, por pequeño e insignificante que parezca.

No hay que ser flexible ni saber pararse de cabeza para hacer yoga, pues eso se va desarrollando y aprendiendo en el camino, además hacer posturas y ser flexible no es el verdadero y único propósito, así que anímense, si no han hecho yoga antes a empezar, y si ya han hecho, a ser más constantes y a aprender y a mejorar cada día. Conozcan ustedes mismos los beneficios de practicar yoga, la paz que da, la calma, la tranquilidad de estar aquí y ahora.


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